miércoles, 21 de septiembre de 2016

"Estoy cansada".

¿Qué por qué lo hice? Porque te odio.
¿Qué por qué lo sigo haciendo? Porque te quiero,
y quiero aún más que te des cuenta
y que me protejan por la noche las llaves de tu puerta.

He llorado en el hombro de un banco
y una joven me ha ofrecido su pañuelo,
y he considerado que todavía queda gente buena y valiente
que no teme enseñar en sus lágrimas por el amor de su muerte.

Que me estoy arrancando las pestañas día a día
con la esperanza de que me concedan olvidarte;
que amo el sonido de mis pasos alejándose de ti
pero odio el gemido de mi garganta maldiciendo tu nombre.

Te di todas mis armas para que me protegieras
y ahora me estás apuntando con ellas;
te entregué mi corazón hecho polvo
y te estás haciendo una raya con él.

Que si somos lo que amamos
no me quiero nada;
que si vivimos para morir,
Dios entendía lo que era querer para añorar.

Me llamaste otra vez para romperme a trizas
como yo fracturé tus labios en todas las fotos;
me pusiste la excusa más cobarde del mundo
"este no es el momento para nosotros".

Te sigo escuchando en las olas del mar,
te sigo sintiendo en las mareas de mis ojos,
te sigo siguiendo con ellos,
te sigo buscando en la estepa de mi memoria llena de despojos.

Te echo tanto de menos
que no te quiero ver;
te echo tanto de menos
que en pie no me puedo sostener.

Me empieza a dar igual tu parecer,
tus yemas ya no me merecen,
pero todas tus piezas sería capaz recoger
con tal de que me tocaran otra vez.