miércoles, 28 de enero de 2015

Invierno ardiente.

Mi sangre está bajo cero 
y de mi corazón cuelgan 
millones de estalactitas a las que les queda 
una ráfaga de tu olor 
para caer irremediablemente, 
rasgando mi estómago 
y dejando que su enjambre huya 
aterrorizado del caos. 

Mi alma está helada pero abrasa, 
como cuando se te cortan los labios y no hay 
ni remedios ni curas. 
Se me hunde el frío en el costado
y la niebla invade el espacio entre tú y yo. 
Dejan que el aire les toque la piel 
y yo no entro en calor 
ni con aparente cariño.

Al fin y al cabo,
no sé si estoy hecha
del invierno
o del infierno.