¿Qué por qué lo hice? Porque te odio.
¿Qué por qué lo sigo haciendo? Porque te quiero,
y quiero aún más que te des cuenta
y que me protejan por la noche las llaves de tu puerta.
He llorado en el hombro de un banco
y una joven me ha ofrecido su pañuelo,
y he considerado que todavía queda gente buena y valiente
que no teme enseñar en sus lágrimas por el amor de su muerte.
Que me estoy arrancando las pestañas día a día
con la esperanza de que me concedan olvidarte;
que amo el sonido de mis pasos alejándose de ti
pero odio el gemido de mi garganta maldiciendo tu nombre.
Te di todas mis armas para que me protegieras
y ahora me estás apuntando con ellas;
te entregué mi corazón hecho polvo
y te estás haciendo una raya con él.
Que si somos lo que amamos
no me quiero nada;
que si vivimos para morir,
Dios entendía lo que era querer para añorar.
Me llamaste otra vez para romperme a trizas
como yo fracturé tus labios en todas las fotos;
me pusiste la excusa más cobarde del mundo
"este no es el momento para nosotros".
Te sigo escuchando en las olas del mar,
te sigo sintiendo en las mareas de mis ojos,
te sigo siguiendo con ellos,
te sigo buscando en la estepa de mi memoria llena de despojos.
Te echo tanto de menos
que no te quiero ver;
te echo tanto de menos
que en pie no me puedo sostener.
Me empieza a dar igual tu parecer,
tus yemas ya no me merecen,
pero todas tus piezas sería capaz recoger
con tal de que me tocaran otra vez.
Un día me dijeron que los polos opuestos se atraen y desde entonces he vagado por las calles, llevando a cuestas un par de errores, estudiando el magnetismo humano que junta las lenguas. Así que esta es mi clase, cierra la puerta al pasar, no quiero que entren más vetustas equivocaciones.
miércoles, 21 de septiembre de 2016
lunes, 15 de agosto de 2016
25 de octubre.
Lloré cinco veces en un mismo día.
La primera porque se me cayó el cepillo de dientes al suelo por la mañana y realmente pensé que la vida era una mierda. Llegué a la conclusión de que para qué servía levantarse si no era para ponerse encima de ti.
La segunda porque el instinto masoquista del ser humano me hizo poner la canción más triste y, por lo tanto, más realista que existe. Y daba la casualidad de que cada acorde llevaba tu nombre. Y la puse en repetición porque era la única obra de arte que no habías destruído todavía.
La tercera no me acuerdo, pero llovía y olía a gasolina.
La cuarta fue porque te quería, pero digamos que fue culpa de la alergia.
La quinta fue porque había llorado cuatro veces por un capullo como tú. Y no hubo sexta porque me dormí y porque no me salió de los cojones. Tuve muchos más días para llegar.
Ahora ya no lloro.
He tirado el cepillo de dientes.
Ya no llueve, es verano.
El gato ya no está en casa.
Sigo pensando que eres un capullo.
La canción aún suena, pero te juro que está a punto de acabar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)