miércoles, 22 de abril de 2015

Sigo apostando por mí.

Soy fiel a la que se ahoga en una tormenta y espera la calma,
a la que le da miedo la luz del día y se esconde bajo las sábanas,
a la que por el lagrimal le caen los recuerdos y las penas,
a la que levanta la mandíbula para todos lo vean.

Pongo la mano en el fuego por la corre para que los huecos que dejaste se le llenen de aire,
por la que recoje la piedra del asfalto y la tira dos pasos más adelante,
por la que vive para tropezar contigo en otro instante,
por la que se tira a un vacío ligado a estas espinas
y se cura las heridas
de pisadas de elefantes.

Permanezco en el equipo de la que se juega los secretos,
de la que se marca un baile encima del tablero,
de la que se clava asfixiada las minas de lapiceros,
de la que, aún con dolor, sabe escribirte algunos versos.

Sigo apostando por la que cierra los ojos y abre la mente,
por la que está anclada en el pasado pero vive el presente,
por la que odia los labios que en invierno están calientes,
por la que sabe que atiende
a un cliente
que conoce desde siempre.

sábado, 28 de febrero de 2015

Los sentidos que conservo: poema número 6.

 Para mí

Hay manos inglesas que solo aprientan
mis tuercas, mis cuencas, mis caderas.
Hay manos que solo forcejean
la sangre que no cae por las riveras.
Manos asfixiando, manos colapsando.

Hay manos que solo humedecen
mis catetos, mis párpados, mis costados;
agua en sus vértices mojados;
me fascinan, me confunden, me estremecen.

Hay manos que solo sueñan,
como las de la chica de septiembre,
en seis meses de correcta espera,
que en seis meses de sequía se convierten.


Poema número 15.

Para el pupitre nº 2 y nº 14

Hay labios que besan, hay labios que sueñan,
hay labios que llaman, hay labios que esperan,
hay labios que ríen (risa placentera),
hay labios que gritan con llanto de pena.
unos hacia adentro, otros hacia fuera.

Son como las ramas que brotan de la tierra,
mas tus ojos verdes, mi eterna primavera,
los que están haciendo tu mano de hierba,
me besan, me sueñan, me llaman, me esperan,
me ríen rientes (risa placentera),
me gritan afonicos con llanto de pena,
desde tierra adentro, desde tierra afuera.

En tus labios nazco, tus labios me crean,
vivo yo en tus labios, el Sol de mi esfera,
en tus labios muero, mi casa y mi vereda,
tus labios mi tumba, tus labios mi tierra.

miércoles, 28 de enero de 2015

Invierno ardiente.

Mi sangre está bajo cero 
y de mi corazón cuelgan 
millones de estalactitas a las que les queda 
una ráfaga de tu olor 
para caer irremediablemente, 
rasgando mi estómago 
y dejando que su enjambre huya 
aterrorizado del caos. 

Mi alma está helada pero abrasa, 
como cuando se te cortan los labios y no hay 
ni remedios ni curas. 
Se me hunde el frío en el costado
y la niebla invade el espacio entre tú y yo. 
Dejan que el aire les toque la piel 
y yo no entro en calor 
ni con aparente cariño.

Al fin y al cabo,
no sé si estoy hecha
del invierno
o del infierno.