miércoles, 21 de septiembre de 2016

"Estoy cansada".

¿Qué por qué lo hice? Porque te odio.
¿Qué por qué lo sigo haciendo? Porque te quiero,
y quiero aún más que te des cuenta
y que me protejan por la noche las llaves de tu puerta.

He llorado en el hombro de un banco
y una joven me ha ofrecido su pañuelo,
y he considerado que todavía queda gente buena y valiente
que no teme enseñar en sus lágrimas por el amor de su muerte.

Que me estoy arrancando las pestañas día a día
con la esperanza de que me concedan olvidarte;
que amo el sonido de mis pasos alejándose de ti
pero odio el gemido de mi garganta maldiciendo tu nombre.

Te di todas mis armas para que me protegieras
y ahora me estás apuntando con ellas;
te entregué mi corazón hecho polvo
y te estás haciendo una raya con él.

Que si somos lo que amamos
no me quiero nada;
que si vivimos para morir,
Dios entendía lo que era querer para añorar.

Me llamaste otra vez para romperme a trizas
como yo fracturé tus labios en todas las fotos;
me pusiste la excusa más cobarde del mundo
"este no es el momento para nosotros".

Te sigo escuchando en las olas del mar,
te sigo sintiendo en las mareas de mis ojos,
te sigo siguiendo con ellos,
te sigo buscando en la estepa de mi memoria llena de despojos.

Te echo tanto de menos
que no te quiero ver;
te echo tanto de menos
que en pie no me puedo sostener.

Me empieza a dar igual tu parecer,
tus yemas ya no me merecen,
pero todas tus piezas sería capaz recoger
con tal de que me tocaran otra vez.

lunes, 15 de agosto de 2016

25 de octubre.

Lloré cinco veces en un mismo día. 
La primera porque se me cayó el cepillo de dientes al suelo por la mañana y realmente pensé que la vida era una mierda. Llegué a la conclusión de que para qué servía levantarse si no era para ponerse encima de ti.
La segunda porque el instinto masoquista del ser humano me hizo poner la canción más triste y, por lo tanto, más realista que existe. Y daba la casualidad de que cada acorde llevaba tu nombre. Y la puse en repetición porque era la única obra de arte que no habías destruído todavía. 
La tercera no me acuerdo, pero llovía y olía a gasolina.
La cuarta fue porque te quería, pero digamos que fue culpa de la alergia.
La quinta fue porque había llorado cuatro veces por un capullo como tú. Y no hubo sexta porque me dormí y porque no me salió de los cojones. Tuve muchos más días para llegar.

Ahora ya no lloro. 
He tirado el cepillo de dientes.
Ya no llueve, es verano.
El gato ya no está en casa.
Sigo pensando que eres un capullo.
La canción aún suena, pero te juro que está a punto de acabar.

miércoles, 22 de abril de 2015

Sigo apostando por mí.

Soy fiel a la que se ahoga en una tormenta y espera la calma,
a la que le da miedo la luz del día y se esconde bajo las sábanas,
a la que por el lagrimal le caen los recuerdos y las penas,
a la que levanta la mandíbula para todos lo vean.

Pongo la mano en el fuego por la corre para que los huecos que dejaste se le llenen de aire,
por la que recoje la piedra del asfalto y la tira dos pasos más adelante,
por la que vive para tropezar contigo en otro instante,
por la que se tira a un vacío ligado a estas espinas
y se cura las heridas
de pisadas de elefantes.

Permanezco en el equipo de la que se juega los secretos,
de la que se marca un baile encima del tablero,
de la que se clava asfixiada las minas de lapiceros,
de la que, aún con dolor, sabe escribirte algunos versos.

Sigo apostando por la que cierra los ojos y abre la mente,
por la que está anclada en el pasado pero vive el presente,
por la que odia los labios que en invierno están calientes,
por la que sabe que atiende
a un cliente
que conoce desde siempre.

sábado, 28 de febrero de 2015

Los sentidos que conservo: poema número 6.

 Para mí

Hay manos inglesas que solo aprientan
mis tuercas, mis cuencas, mis caderas.
Hay manos que solo forcejean
la sangre que no cae por las riveras.
Manos asfixiando, manos colapsando.

Hay manos que solo humedecen
mis catetos, mis párpados, mis costados;
agua en sus vértices mojados;
me fascinan, me confunden, me estremecen.

Hay manos que solo sueñan,
como las de la chica de septiembre,
en seis meses de correcta espera,
que en seis meses de sequía se convierten.


Poema número 15.

Para el pupitre nº 2 y nº 14

Hay labios que besan, hay labios que sueñan,
hay labios que llaman, hay labios que esperan,
hay labios que ríen (risa placentera),
hay labios que gritan con llanto de pena.
unos hacia adentro, otros hacia fuera.

Son como las ramas que brotan de la tierra,
mas tus ojos verdes, mi eterna primavera,
los que están haciendo tu mano de hierba,
me besan, me sueñan, me llaman, me esperan,
me ríen rientes (risa placentera),
me gritan afonicos con llanto de pena,
desde tierra adentro, desde tierra afuera.

En tus labios nazco, tus labios me crean,
vivo yo en tus labios, el Sol de mi esfera,
en tus labios muero, mi casa y mi vereda,
tus labios mi tumba, tus labios mi tierra.

miércoles, 28 de enero de 2015

Invierno ardiente.

Mi sangre está bajo cero 
y de mi corazón cuelgan 
millones de estalactitas a las que les queda 
una ráfaga de tu olor 
para caer irremediablemente, 
rasgando mi estómago 
y dejando que su enjambre huya 
aterrorizado del caos. 

Mi alma está helada pero abrasa, 
como cuando se te cortan los labios y no hay 
ni remedios ni curas. 
Se me hunde el frío en el costado
y la niebla invade el espacio entre tú y yo. 
Dejan que el aire les toque la piel 
y yo no entro en calor 
ni con aparente cariño.

Al fin y al cabo,
no sé si estoy hecha
del invierno
o del infierno.

viernes, 5 de diciembre de 2014

16 locuras de las que estoy segura.

He vuelto a escribirte en todos los tiempos verbales. No sano porque cada mirada tuya es como un puñado de sal. Creo que, por ti, me equivocaría mil veces más. Desordenas mi propio caos. Cierro los ojos y veo los tuyos, con esa hierba fresca que crece dentro de ellos, enredándome y dejándome inconsciente. Entiendo las canciones y me acojono cuando miro al cielo, porque el frío se propaga mientras te echo de menos. Duermo para soñar que sueñas conmigo y pienso para pensarte pensándome. Empiezo a darme cuenta de que no tenemos solución en números reales y que, aunque pueda oler tu aroma de ropa recién lavada y magníficas mentiras, te siento a kilómetros, como al suelo y a mi miedo a caer en unos brazos que no sean los tuyos. Necesito amor y tú solo me enderezas hacia el peligro, hacia el abismo de tu sonrisa; como siempre: aferrándome al vacío y volando por encima del infierno. Te trazo en prosa porque necesito tener un futuro al que agarrarme y la esperanza de tenerte. Prefiero no encontrarme que ver tu espalda hacerce más pequeña, perdiéndose en la luz y huyendo de mi oscuridad. Siento que se me ha agotado la valentía y que no soy la chica que se conoce a sí misma, porque si tuviera que enumerar las locuras de las que estoy completamente segura, la primera sería que he vuelto a perder la cordura por ti.