La primera porque se me cayó el cepillo de dientes al suelo por la mañana y realmente pensé que la vida era una mierda. Llegué a la conclusión de que para qué servía levantarse si no era para ponerse encima de ti.
La segunda porque el instinto masoquista del ser humano me hizo poner la canción más triste y, por lo tanto, más realista que existe. Y daba la casualidad de que cada acorde llevaba tu nombre. Y la puse en repetición porque era la única obra de arte que no habías destruído todavía.
La tercera no me acuerdo, pero llovía y olía a gasolina.
La cuarta fue porque te quería, pero digamos que fue culpa de la alergia.
La quinta fue porque había llorado cuatro veces por un capullo como tú. Y no hubo sexta porque me dormí y porque no me salió de los cojones. Tuve muchos más días para llegar.
Ahora ya no lloro.
He tirado el cepillo de dientes.
Ya no llueve, es verano.
El gato ya no está en casa.
Sigo pensando que eres un capullo.
La canción aún suena, pero te juro que está a punto de acabar.